Pasear por cualquier localización cubana es respirar el mismísimo aire de uno de los revolucionarios más populares de la historia de la humanidad. Todo huele a Ernesto Ché Guevara, un argentino al que los cubanos profesan un afecto extraordinario.
Casi se diría que le aman más que a Fidel. La gesta de aquel médico y abogado, que dejó las comodidades de los despachos para luchar a favor de los oprimidos de América Latina, se respeta y se venera. Sigue leyendo









