• Las espadas toledanas: Acero de cine

    acero de Toledo

    Hubo un tiempo en el que el primer milenarismo, apocalíptico y aterrador, anunciaba la llegada de Dios al mundo, nuevamente, para gobernar y luchar entre los hombres antes del Juicio Final.

    Fueron épocas oscuras y tenebrosas, pertenecientes a una convulsa Edad Media donde las plagas, el hambre, la guerra y la muerte campaban a sus anchas asolando el mundo conocido.

    No es de extrañar que en un ambiente de este tipo, una de las mayores preocupaciones fuese encontrar el arma más eficaz. En ese momento, el acero de Damasco se llevaba la palma: dúctil, duro, con un filo eterno y tremendamente mortífero.

    Pero los tiempos hicieron que la corte española y la capitalidad del reino se trasladasen a  Toledo, una ciudad en la que convivieron las tres culturas imperantes (musulmanes, cristianos y judíos), pero donde primero la industria de la guerra se estableció con una fuerza inusitada.

    La fama de la dureza del acero damasquinado tenía sus días contados y no fue precisamente en las forjas de la ciudad toledana donde se hizo tan valioso aporte al llamado arte de la guerra.

    El ‘templado’ del acero, desconocido hasta entonces, fue descubierto por los verdugos toledanos, cuando en los multitudinarios ajusticiamientos, se daba muerte a los ‘infieles’ con espadas de acero candente.

    Los ejecutores se dieron cuenta de que este acero al rojo vivo, al ser hundido en el ‘enemigo’ condenado a muerte, adquiría una dureza extrema y desconocida. Pronto averiguaron que el ‘milagro’ se debía al enfriamiento súbito del acero de las espadas, al entrar en contacto con el reo.

    Así se empleó la técnica del templado de las espadas durante el proceso de forja. Cuando la lámina estaba incandescente, se sometía a un descenso brusco de temperatura sumergiendo el acero en agua fría.

    Desde luego la acería toledana sigue su andadura, además con marca protegida. Afortunadamente hoy la espada ha pasado a un mundo más decorativo, aunque no por ello ese ‘arte de la guerra’ ha dejado de existir o ha adquirido mayor nobleza.

    Sin embargo, las espadas toledanas han tenido una segunda oportunidad a través del cine. Las grandes factorías cinematográficas siguen encargando a Toledo las réplicas de las piezas más extraordinarias y célebres: Tizona, Excálibur, la espada de Atila, katanas de todo tipo…

    Por supuesto, la ficción también ha dado notables ejemplares que han salido de la acería de Toledo: la espada de Xena, la Princesa Guerrera; la del Señor de los Anillos; la de Conan el Bárbaro; la que portó Brad Pitt en Troya; la katana de Uma Thurman en Kill Bill

    Imagen en Creative Commons or Public Domain: Flickr/madcowk

    Mar Santiago
    Mar Santiago
    Periodista y traveller, especializada en otras culturas y países en conflicto. Ha trabajado para importantes medios de comunicación como RNE, Diario16 Málaga o Agencia EFE.

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