Vivir Marruecos sin sus dulces, es no vivir Marruecos. Todos y cada uno de ellos posee una historia, un ingrediente, una mezcla que lo hace realmente fascinante. Juntos los podemos encontrar en cualquier pastelería y, por supuesto, en el interior de las jaimas del pueblo bereber o dentro de cualquier casa, donde el hábito de la hospitalidad, tan musulmán, agasaja al extranjero con sus mejores viandas y un sorbo de té.
Pero cada región, casi cada ciudad, posee su propia especialidad que las sabias manos de las amas de casa moldean con los ingredientes que proporciona una tierra, en principio, árida y yerma.
Es sólo una errónea sensación, porque en cualquier humilde cocina encontraremos el sabroso resultado, producto de esa sensata y ancestral combinación de certeros ingredientes.
Es el caso de Oujda, donde las reinas de la repostería son las kaaks y los makrouts, tan deliciosos, tan dulces, tan únicos… Los dulces de Oujda se componen principalmente de dátiles, miel y harina de trigo que se combinan de manera magistral, invocando las recetas de antiguas cocineras y la savia de generaciones pasadas, para brindarnos bocados de la pastelería tradicional de este pueblo cercano a Saïdia.
El kaak es una galletita crujiente y dentada, a cuya masa se añaden los aromáticos toques del anís y el cardamomo. Para el makrout, la sémola se llena del inmenso sabor de los dátiles de Marruecos, previamente fritos antes de ser bañados con la gracia de la miel.
Mirad en los puestos callejeros, a la puesta de sol, donde os entraran por los ojos, antes que por la boca, el inmenso placer que le espera a vuestros estómagos por las calles de Oujda.
Imagen en Creative Commons: Flickr/Bellyglad